domingo, 8 de octubre de 2017

Se le debe al Che



Cuba entera le debe al Che. No es cuestión de si se le quiere, de si se aplauden todos sus actos y se agradece su existencia. Es cuestión de reconocer que estuvo en un período crucial de la historia del país, y de que por mucho que se intente es imposible imaginar sin él lo que hubiera sucedido desde el desembarco de un yate en el oriente de la nación hasta el canto de victoria del primer día de 1959.

En unas horas hará medio siglo que la muerte de aquel hombre comenzara a transformarlo en mito. Pero los cubanos conmemoramos hace demasiado tiempo en la fecha de hoy la pérdida de esa vida, entre otras cosas porque pareció difícil desplazar del sentir colectivo la idea de que la desaparición del héroe se produjo en un momento distinto al que se divulgó durante más de dos décadas.

Así son los pueblos, y así, a veces, las reafirmaciones de un suceso. Algunos siguen hablando de caída en combate y otros lo aceptan, sin saber o pensar en el daño que hacen los encubrimientos históricos, sobre todo mantenidos por los medios de comunicación.

No puedo entender que se hable de la muerte de un hombre y no de su captura cuando combatía y se quedó sin recursos para defenderse. Tampoco creo que valga el contrasentido de que alguien pueda morir dos veces y en diferentes fechas, cuando se sabe que el Che fue apresado un día y asesinado al otro.

¿Qué se pretende o qué se gana con seguir presentando hechos como mal dicta la costumbre, y no como acontecieron? ¿Por qué quitarle un día de vida al guerrillero, aunque fuera como no quisiéramos recordarlo, agónico y sufrido?  

A fin de cuentas, le dispararon y no vaciló; le cerraron los ojos y aún parece ver lo visto; le callaron la voz y habla; le cortaron las manos y empuña un rifle, escribe; lo enterraron donde muy pocos supieron y el destino lo desenterró.

Sobre el Che no vale cambiar nada. Según fue, vivió y murió una vez, pero revive siempre.