miércoles, 19 de octubre de 2016

No voy a llorar por Matthew



Todavía no he llorado por Matthew. Sin salir del todo del golpe asestado por el huracán y con un sistema de trabajo demencial por estos días, he preferido sentir que respiro y que la vida, más que incertidumbre, es luz.

Tantas personas rezaron por mí, los míos, mi pueblo, y tantas confesaron haber llorado después del azote del ciclón a Baracoa que no he podido liberar en llanto lo emocional en mí. Es una trampa de la que sé que al salir puedo golpearme.

Ya me golpeó el viento, la lluvia, la furia, mi casa destruida, la Primera Villa de Cuba arrasada y casi sin verdor, la certeza de saber que pronto tendré que asimilar de veras las consecuencias de una pérdida invaluable.

Alguien pensará que debería avergonzarme que mis lágrimas estén en otros. Ni lo reprocho ni lo entiendo, porque cada cual sentirá a su manera lo mismo las secuelas de un desastre que el valor de la telenovela.

He comprobado en poco más de una semana que, por suerte, el dolor ajeno no siempre es tan distante, y que los amigos pueden hacer por uno tanto como la familia, y a veces más.

No voy a llorar porque sí, o porque no (me da la gana), aunque en estos momentos sienta por primera vez que algo acuoso me quiere nublar los ojos.

Memes con Matthew



Como mismo hay quienes ponen memes en los sitos digitales para alabar o ridiculizar a jugadores y técnicos luego de un partido de fútbol de las principales ligas del mundo, hay quienes muestran ingenio popular a raíz del azote del huracán Matthew a la Primera Villa de Cuba.

La bolita´el mundo comparte estos “memes”.

A las palmas de Baracoa les dio por quitarse la cabellera y pelarse al uno.

Como quedaron tumbados las palmas y los cocoteros, se podría jugar palitos chinos.

Con tanta pérdida de vegetación hasta las Tetas de Santa Teresa quedaron descubiertas.

Dos cocodrilos escapados del zoológico vieron una familia que  cocinaba al aire libre, oyeron que “a esta hora hasta un majá vendría  bien pál caldero!, y regresaron adonde salieron.

Por primera vez en 50 años pude cumplir el sueño de comer bajo las estrellas.

Una embarazada en espera del parto dijo que su hijo se llamaría Matthew, y otra a su lado respondió: ¡Te mateu!